Nostalgia

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El día de mi comunión, mis padres celebraban en secreto quince años de casados. En el postre, mi padre se me acercó y me advirtió al oído que por un instante iba a dejar de ser la protagonista del convite. Me guiñó el ojo y me aseguró que merecería la pena.

Sonriente se fue hacia la recepción del restaurante. Mi madre, que llevaba un vestido color crema con una torerita gris, conversaba con su mejor amiga y cómplice de mi padre. Yo, muerta por la curiosidad, no le quitaba los ojos de encima. Mi madre estaba radiante; había adelgazado casi cinco kilos con los preparativos de mi comunión, pero a la vista de todos, irradiaba felicidad.

Él, escondido tras la barra, gritaba al camarero «ponla, ponla». La voz de Patsy Cline sobresaltó a mi madre. Me miró —enseguida supo lo que iba a suceder—, y se sonrojó. Apenas tuvo tiempo de decir nada cuando se le acercó mi padre con un enorme ramo de rosas rojas.

No terminaron de besarse hasta que Crazy llegó a su final.


2 comentarios:

Gilmar Ayala dijo...

Linda imagen...

Campanula dijo...

Oye que bonito, cuando comence a leer pense que seria triste, pero en realidad es muy hermoso.
un abrazo